sábado, 15 de junio de 2013

Incoherencias


Hay cosas que no puedo contar sin provocar una media sonrisa en quienes me rodean. En el mejor de los casos me siento entendida aunque tenga que escuchar algún chistecillo a costa del acontecimiento... y en el peor se me acusa de incoherente o extravagante o ambas cosas. Qué le vamos a hacer.

Hace unos días pasé la tarde intentando encontrar un sitio para una cría de urraca que mi hijo trajo a casa. Mientras se removía silenciosamente en una caja de cartón busqué por Internet refugios y asociaciones que pudieran hacerse cargo del animalito, y quedé con una de ellas, GREFA, en llevarlo al día siguiente. No hubo suerte y murió esa misma noche. Aún tengo a un chaval desconsolado en casa, que insistió en enterrarla en un sitio especial.

Cuando ha surgido la ocasión de explicar cuánto me cuestan los cuidados veterinarios de mis gatos o su alimentación... he tenido que escuchar más de una vez lo absurdo que resulta gastar el dinero en un animal, junto con afirmaciones que aseguran que con el hambre que hay en el mundo resulta casi un insulto.

Y estoy de acuerdo. Las personas de los países desarrollados acumulamos cosas  totalmente innecesarias mientras otras carecen de lo más básico. Pero me resulta curioso que nadie mueva la cabeza ante quienes se van de vacaciones a la playa, o tienen dos coches, o más de una vivienda, o más de cinco pares de zapatos, y sí  lo hagan porque yo compre un saco de pienso en el supermercado.

Es verdad que resulta injusto e incoherente que en este mundo nuestro haya  millones de niños sin asistencia médica y al mismo tiempo animales domésticos perfectamente atendidos. Pero no es una incoherencia menor contar con armarios llenos de ropa,  o tirar cada día miles de alimentos a la basura.

Aún así, no me voy a escudar en el "¿y tú qué?", porque a pesar de todo yo no me siento incoherente siendo como soy. 

Desde que tengo uso de razón no puedo pasar de largo ante un ser vivo que sufre. Evidentemente y por puro instinto de conservación de la especie, los seres humanos tienen la prioridad absoluta en mi vida. Pero el sufrimiento es sufrimiento anide en quien anide, y yo no acabo de creerme la compasión de quien es capaz de abandonar a un perro, pasa de largo ante un animal moribundo o deja un paisaje verde repleto de residuos.

No estamos solos en el mundo, ni la vida humana es la única que nos rodea. Convivir con otros seres vivos me vuelve más humilde y desarrolla en mi un sentimiento de pertenencia a la Tierra tan fundamental que he querido trasmitirlo a mis hijos y a mis alumnos. Así que, por excéntrico que parezca, soy de las que cojo una araña con cuidado ayudándome de un papel para sacarla de casa, atrapo las mariposas nocturnas con vasos de plástico  y me detengo a conversar con los gatos vagabundos de mi calle. No soy vegetariana pero me preocupo de comprar carne de animales que no hayan sido torturados, aunque mi trabajo me cuesta. No entiendo la caza como deporte , ni qué clase de diversión puede encerrar una corrida de toros. No asisto a espectáculos de circo que tengan animales y hoy por hoy soy incapaz de dejar en medio de la calle a un pájaro herido. Y regaño a mis alumnos cuando pisan un saltamontes o destrozan un hormiguero, o arrancan las ramas de un árbol. Pero es que para mi, defender y cuidar la vida es defenderla y cuidarla en todas sus manifestaciones. Lo contrario sí que sería una incoherencia. 


miércoles, 5 de junio de 2013

Memoria de una despedida (I)


(A las familias de mis ratones):

Como cada fin de trimestre, toca contaros cada aventura vivida en estos últimos meses. No tendría que ser difícil, porque vosotras mismas habéis participado de ellas, nos habéis acompañado, habéis acogido cada uno de nuestros pasos, de nuestras preguntas. Y sin embargo es imposible mirar hacia atrás sin recordar esos primeros días de Septiembre en los que vuestros ratones y ardillas llegaron al cole y os sentasteis con  ellos en esas sillas irremediablemente pequeñas para hacer el buzón de su percha y su álbum de fotos.

Han pasado ya tres años, y es díficil reconocer en estos niños y niñas a aquellos que hacían pucheros en la puerta del aula,  se aferraban a nuestra mano al salir al patio, y dormían la siesta sobre su sábana de cuna. Han pasado muy deprisa , y sin embargo hemos podido viajar en el tiempo, volar al espacio, explorar la prehistoria, criar nuestro propio hormiguero, pintar las Meninas o los cuadros de Miró. Nos hemos convertido en Astrónomos y astrónomas, Cromañones y arqueólogas. Fundamos nuestro propio hospital y hasta nuestra propia playa en un rincón de la clase. Vimos a un gusano convertirse en mariposa y plantamos semillas en la tierra, las cuidamos y nos llevamos a casa el fruto para compartirlo con vosotros. Aprendimos a escribir "como los mayores", o casi, a sumar y a restar mientras hacíamos torres con regletas de colores.
Perseguimos a los duendes en el bosque de la granja y despertamos al hada Luz de Luna. Viajamos en tren, exploramos estaciones llenas de tortugas y parques verdes, subimos en ascensores de cristal... escribimos cuentos y los representamos...

Y en cada uno de esos recuerdos estáis vosotras. Cosiendo disfraces en el pasillo, cogiéndonos de la mano para ir al museo, preparando el equipaje de la granja, aplaudiendo nuestras canciones, convirtiendo el pasillo en una cueva prehistórica, luchando con el papel de colores, la arcilla y la témpera en los talleres.

En esta última memoria queremos sobre todo agradeceros que hayáis hecho posible lo que son ahora vuestr@s hijos e hijas, cada uno de sus logros y avances, cada objetivo conseguido. Gracias por vuestra confianza, vuestra complicidad y vuestra implicación. No es difícil ser maestra con familias como vosotras y con hij@s como los vuest@s. 

Tenéis unos niños estupendos. Gracias por haberlos compartido con nosotras.

Hasta siempre,

Carmen y Natalia.

domingo, 26 de mayo de 2013

Cuarenta y cuatro


Hoy celebro que sigo viva,
luchando en viejas batallas,
buscando retos nuevos,
empeñada en crecer,
amando...

Nada más.


sábado, 18 de mayo de 2013

La gran pregunta


Llueve, y más parece Noviembre que Mayo. Estoy sola en casa, con Coco ronroneando a mi lado hecho un ovillo en el sofá, Elsa a mis pies y Kika apenas adivinada en el montón de algodón de su jaula.

Elsa, según me contaron, nació un 2 de Mayo. Coco a finales de Abril. Tienen 15 y 14 años recién cumplidos. Y a veces paro en seco en medio de la rutina diaria para recordarme a mi misma que estamos viviendo ya en una cuenta atrás. Así, como de pasada, hago a mis hijos algún comentario al respecto, para ir... ¿preparándoles?... ya sé que no. En realidad, yo misma aparto en seguida el pensamiento y paso a otra cosa.

Ayer, apenas había abierto la puerta de mi aula, Toker se acercó a mi y contestó a mi "Buenos días" con un
"Bolita está muerta".  Bolita era el hamster de las ardillas, y durante un año y medio fue acariciado, cuidado y abrazado por ardillas y ratones con una mansedumbre muy poco usual. 

Javi, el conserje, se llevó la jaula fuera del aula para que los niños no se la encontraran al llegar y Natalia pudiera saber la noticia antes que ellos y contársela.

Algunos lloraron. Mis ratones, por ser el día en el que celebrábamos la verbena de S. Isidro y por tener con Bolita menos trato, no se vieron tan afectados por la noticia. Sólo Pablo repetía de vez en cuando "pero estarán atentos por si se despierta, ¿verdad?". Le expliqué que la muerte no tiene nada que ver con el sueño, que es irreversible.

Después del recreo llevamos a Bolita al huerto escolar dentro de una cajita de cartón, y la enterramos junto a un árbol. Antes todos pidieron verla por última vez y le dijeron adiós, con palabras, con la mano. Natalia explicó que Bolita alimentaría la tierra, las plantas, el pequeño manzano... y que así seguiría formando parte de lo que está vivo.

Llovía, como hoy. Fue un día extraño. Discutí con alguien con una de esas discusiones tontas que causa el estrés. Celebraramos la verbena. Estuve en el puesto de pompas de jabón aplaudiendo los esfuerzos de chulapos y chulapas por soplar burbujas. Fui a la "casa del terror" que los niños y niñas de sexto, como cada año, habían preparado ocupando todo un edificio: esta vez la hacía también Diego, en su último año en el cole. Y esperé con el resto de los padres a que terminaran, con los pies mojados y muerta de frio.

Hice la compra. Preparé la cena. 

Despedí a Diego y Ana sintiendo que necesitaba estar sola unas horas.
  

lunes, 6 de mayo de 2013

Paréntesis


Finca Sant Miquel, 1- 4 Mayo de 2013.

Si me centrara en lo anecdótico os contaría que he vuelto a dormir en una tienda de campaña por primera vez desde que tenía 11 años, que he descubierto lo que es una compostrina (o WC ecológico que no necesita agua), que he tenido parte de una colmena poblada entre las manos vestida con el traje blanco que llevan los apicultores y he saboreado el "chicle de miel" recién salido del panal, que he desayunado pan casero y  vuelto a ver el mar, que he jugado al jungle speed y al dixit  junto a una charca llena de sapos cantores y una burra que de vez en cuando decía "aqui estoy yo" y que he visto por primera vez una cocina solar. Y también que visitamos un espacio donde un grupo de familias ha optado por acompañar a sus hijos en un crecimiento sin escuelas.  

Si ahondara un poco más recordaría la sensación de haber recuperado lo único importante al respirar el verde y el sol cada mañana, la bienvenida de un valle cargado de olor a lavanda, romero y menta, las risas continuas de un montón de niños con miles de descubrimientos que hacer cada minuto, mi conversación con el mar en un paseo lento, el sueño tumbada en la arena, la perplejidad al observar una abeja posada en mi dedo, el sabor de la miel recién cogida, el encuentro con historias distintas a la mía, la sensación inmediata de estar en casa, la vista de un cielo cuajado de estrellas, el aire limpio.

Si dejara la tierra, el aire y el agua y pensara en nombres propios os hablaría de Mónica , Jaime, y sus hijos Teo e Irene, la familia que vive en la finca. De la sencillez con la que demuestran que se puede ser fiel a los propios sueños por imposibles que parezcan, de la armonía que trasmiten. Conocerles ha sido conocer dos caminos serenos, dos búsquedas que disfrutan del viaje y comparten sus pasos con una convicción que no impone ni juzga, una convicción que simplemente se ofrece. Os hablaría después de Magalí. Sólo sé de ella que era una mujer en búsqueda. Murió muy joven, en un pedacito de tierra que hizo suya después de recorrer medio mundo, lejos de médicos y hospitales...  me contaron que era alguien difícil de olvidar, de esas personas que "tocan" el alma de quienes la conocen. Jaime esparció sus cenizas en un pequeño huerto que habían proyectado juntos y que lleva su nombre, y que también alberga una pequeña estancia a la que hay que entrar descalzo, en la que no es posible estar de pie, con las paredes blancas, un pequeño banco y cristales de colores.

Si os hablara de mí os diría que después de que Mónica nos contara su historia me perdí durante un rato entre los frutales del "huerto de Magalí"  respirando despacio y saboreando su nombre. Dejé mis zapatillas en la puerta y entré. Me limité a decirle hola y... "yo también busco". Y hasta lloré un poquito.

Ha sido un regalo inesperado. Para mí y para Diego y Ana, que han vuelto también con los ojos llenos de aventuras y de luz. Y como cualquier regalo deseado, está en un lugar seguro. Como la miel en su tarro de cristal, las tres velas de cera de abeja que hicimos juntos , el ramo de flores secas... y la certeza de que volveremos.     

lunes, 22 de abril de 2013

"El 7º planeta fue, pues, la Tierra"



Cuando me presentaron al Principito andaba yo por los 10 años recién cumplidos. Me lo regaló un amigo de mi padre que tenía una fe ciega en mi futuro como escritora, y leía embelesado los cuentos y poesías que escribía encerrada en mi habitación hasta el día en que mi madre, harta de que no pisara la calle más que por obligación, me sacó de casa, cerró la puerta y me dijo que no me abriría  hasta pasadas al menos dos horas. Así que lloré un rato en el felpudo (luego supe que ella también lloró al otro lado), y visto que no me servía de nada bajé al parque, donde encontré un par de niñas con las que pronto hice buenas migas.

Aún así, nada me gustaba más que perderme entre las páginas de un libro. 

Devoré el principito en apenas una hora. Aquella primera vez despertó en mi algunas intuiciones vagas que no supe interpretar. Sólo sentía una emoción extraña en algunos párrafos, una especie de nostalgia que parecía avisarme de algo... como si , sin saberlo,  ya hubiera estado en el asteroide B-612.

Terminé la historia con el sabor de un final feliz, pues para mí estaba claro que Saint-Exupery no había desaparecido en el desierto a causa de un accidente, sino porque al fin se había encontrado con aquel niño frágil de pelo revuelto.

Pasaron los años, y recurrí al principito una y mil veces. Y esas intuiciones se fueron alimentando con mis experiencias.

Amé a algunas rosas y tuve que alejarme de ellas para descubrir que  a pesar  de sus espinas y su aparente egoísmo tenían una belleza única e irrepetible, construida por haberlas cuidado, protegido y amado.

Fui domesticada por algunos príncipes que me hicieron llorar con su marcha, pero me regalaron el significado nuevo de unos campos de trigo.

Conocí a reyes, bebedores, vanidosos, geógrafos, hombres y mujeres de negocios. Admiré a quienes no descansan un minuto tratando de ser luz para los demás.

Me atreví a decir a algunas personas que eran para siempre responsables de lo que habían domesticado.

Aprendí a ver siempre el elefante dentro de la boa y a distinguir a los que inevitablemente afirman que no es más que un sombrero.

Ando aún buscando, como el zorro, amigos a los que acercarme con cautela, con los que correr el riesgo de la proximidad y el dolor de la despedida. Y cuido a los que ya tengo con biombos de cristal, y con mi recuerdo cuando ando lejos de casa.

Persigo la huella de pozos ocultos en el desierto. Intento volver al lugar del que partí, aunque sea pequeño, junto a mi rosa y mis puestas de sol, aunque tenga que seguir luchando con los baobabs, pues he descubierto que lo que buscaba está allí, y no a miles de Kilómetros de distancia.

Mañana es el día del libro, y este es mi Amigo de tinta con mayúsculas. Y lo comparto con vosotr@s, con los que nunca hablaría de corbatas, de futbol o de cierta clase de política, sino de serpientes boas, selvas vírgenes y estrellas.  

miércoles, 17 de abril de 2013

Un día en el Palomeras Bajas


Periódico Escuela. Reportaje por Saray Marqués, nº 3979, pag. 310-311. 11 Abril 2013.

Un día en el Palomeras: Uno de los centros que se convirtió en buque insignia de la Marea Verde demuestra a lo largo de una jornada que, con más de 40 años de trayectoria de innovación pedagógica a sus espaldas, es mucho más que eso

Nuestro objetivo es ver cómo trabaja un centro que lleva funcionando en el mismo sitio desde 1969, cuyo proyecto ha dado para dos libros ( "Autogestión en la Escuela", de Francisco Lara y Francisco Bastida Editorial Popular, 1980 y  "La escuela como compromiso", Francisco Lara ,Editorial Popular, 2004),  y  ha llamado la atención de numerosas universidades (Autónoma y Complutense de Madrid, de Granada, Valencia, Chile…). Claro que eso de que lleva más de 40 años en el mismo sitio no es del todo exacto; Donde ahora están las canchas de baloncesto antes estaba el colegio, que ha ido creciendo a trompicones. “Por eso parece que está al revés, con los edificios en los extremos y los campos en el centro”, explica Ana Recover, maestra de 1º de Primaria, madre de exalumnos y directora en el período 2003-2007. Recover llegó en 1983, cuando se inauguraba el edificio de Secretaría. Antes habían sido barracones, que se quemaron en 1975, y luego caracolas.

De línea 1 pasaron a ser línea 2. Pronto necesitaron un segundo edificio para comedor y un tercero que sirviera como aulario de Infantil y Primaria. “Cada uno es de una época, no es un colegio planificado, sino que ha ido avanzando por la presión de las familias, que si hace 25 años pedían al ministro que sus hijos no tuvieran que ir a otro cole a comer, ahora piden a la Consejería un gimnasio que quizá pueda servir también como centro para el barrio”, explica.

La inserción del centro en el barrio siempre ha sido fuerte, desde los tiempos en que Palomeras Bajas era una barriada de chabolas con la única opción para estudiar del colegio de las Ursulinas (hoy Gredos San Diego), solo para niñas. Entonces Paco Lara, Paco Bastida, Luis Fausto Martínez, César Martínez e Ignacio Fernández se lanzaron a la aventura, y crearon un patronato que al año siguiente pasó a ser colegio nacional.
“El barrio no era lo que es hoy y una riada a principios de los 70 hizo que se llenara todo de barro… El colegio fue la salvación. Situado en una zona un poco más alta que la vía del tren, se usó como refugio para las familias”, rememora Paco Lara.

Pero dejamos los 70 y volvemos al Palomeras Bajas en 2013. O eso creemos. Son las 9:00 de la mañana de un viernes en el nivel de 5 años A, “la clase de los ratones”. Al adentrarnos en el pasillo del edificio de Infantil y Primaria nos encontramos de pronto en una cueva prehistórica. La Prehistoria es el proyecto en el que están trabajando los alumnos, y las familias y profes se han esmerado tanto en transformar el espacio con papel continuo que un padre, bombero, tuvo que pedirles al verlo que dejaran más espacio para los fluorescentes, por si acaso.

miércoles, 3 de abril de 2013

Desde mi libertad


Hay quien piensa que cuando te separas de tu pareja  es porque la sociedad te lo pone en bandeja, porque hoy en día ya no se sabe lo que es un compromiso y porque es más cómodo romper a la primera de cambio que luchar por superar las dificultades: gente que afirma que leyes como la del divorcio exprés o esa que te permite separarse sin el consentimiento del otro han disparado el número de parejas rotas, que por tanto esas leyes son una amenaza para la familia tradicional, que el amor verdadero perdona y aguanta, y que cuando hay un poco (o un mucho) de ese amor y voluntad para arreglar las cosas todo es posible.

No tienen ni la más remota idea, esos que lo dicen, del tremendo dolor que supone asumir que un proyecto que se pensaba eterno no puede sostenerse sino a costa de la propia felicidad; de la lucha interna que  nos muerde cada una de las veces en las que tratamos de auto-convencernos de que vale la pena intentarlo una vez más para volver a estrellarnos en la certeza de que ni todo el amor que apostamos ni toda nuestra voluntad son suficientes. No pueden imaginar el vértigo que sientes cuando la decisión empieza a convertirse en un hecho, el tremendo sentimiento de culpa que  te ahoga cuando tienes que contárselo a tus hijos, la soledad y  la sensación de haberte perdido a ti misma, de no haber sabido amar o de no haber sido amada. Y todo esto cargando también con los restos del otro, su rencor, o su dolor, o su indiferencia, o su ira... y sin apenas haber empezado a ponerte en pie, luchar por recomponer los pedazos de la relación para que tus hijos sigan teniendo a su familia aunque ya no se reúna bajo el mismo techo.

Y a pesar de todo... la decisión se toma (o se asume) cuando te das cuenta de que la alternativa es ser infeliz en territorio conocido, sustituir el amor por la comodidad o la soledad por la dependencia.

Escribo esto pensando en dos historias concretas, además de la mía: dos mujeres valientes, que siguen acunando y defendiendo la felicidad de sus hijos, tragándose las lágrimas , gritándolas cuando pueden. Que dudan y se desesperan y piensan si volverá a haber luz al final del túnel.

Y la habrá. Es como cuando tuvimos a nuestros hijos:  en cada parto sentimos que nos rompíamos y que no íbamos a ser capaces de aguantar tanto dolor: pero de ese dolor  nació una vida nueva.





"Cuando emprendas el viaje a Ítaca
debes rogar que el camino sea largo;
que sean muchos los días de verano
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que antes ignorabas.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca
(llegar allí, he ahí tu destino),
más no hagas con prisas el viaje:
mejor será que dure muchos años
y que llegues ya vieja a la pequeña isla
rica de cuanto hayas ganado en el camino.
Y no has de esperar que ella te enriquezca.
Itaca te ha concedido una hermosa travesía
y no tiene otra cosa que ofrecerte".

K Kavafis.